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Corría el año 1967 cuando las pruebas con el Apolo I terminaron en tragedia: un incendio fortuito acabó con la vida de tres astronautas y la nave en tierra. Se podía decir que EEUU había puesto toda la carne en el asador… y había fracasado.

John F. Kennedy, un señor al que la gente hacía bromas porque se apellidaba como el presidente

John F. Kennedy, un señor al que la gente hacía bromas porque se apellidaba como el presidente

El loco proyecto había sido iniciado por el presidente John F. Kennedy. Lo que poca gente sabe es que aquel histórico discurso, “creo que esta nación debe asumir como meta el lograr que un hombre vaya a la Luna y regrese a salvo a la Tierra antes del fin de esta década”, lo hizo tras una noche de borrachera que compartió con Marilyn Monroe y de la que no se había recuperado totalmente. Víctima aun de un momento feliz de inspiración etílica, habló de ello en lugar de leer su discurso programado acerca de la producción de centeno y su implicación en el mercado interno. Sus asesores le recriminaron estar en la Luna y e incluso le reprocharon actuar como un lunático, pero en todo caso era demasiado tarde.

En un primer momento se pensó en la posibilidad de publicar un desmentido, pero la repercusión mediática fue tal que se temió un escándalo de proporciones mayúsculas. Monroe, algo disgustada por ser un segundo plato para el presidente, trató de hablar pero fue silenciada sistemáticamente, hasta 1962, momento en el que se decidió silenciarla permanentemente.

Cohete experimental que se les fue a tomar por culo en un momento

Cohete experimental que se les fue de madre

En todo caso, EEUU se hallaba en una situación lamentable para afrontar semejante reto. Todos los grandes expertos en cohetes de la Alemania nazi habían caído al otro lado del telón de acero tras el fin de la Segunda Guerra Mundial. Tan solo Wernher von Braun parecía estar capacitado para ello. Pero como el propio von Braun reconoció casi al final de su vida en su libro de memorias “del gallinero a las estrellas”, todo fue una farsa motivada por su necesidad de sobrevivir: “yo tenía una granja, llevaba huevos frescos a Hitler. No era nazi ni sabía nada del holocausto. De cohetes menos todavía, me daban miedo hasta los petardos. Pero mi única opción era contar una bola a los americanos o terminar en el gulag soviético“.

Así pues von Braun estudió a toda prisa todo lo posible para simular ser un experto. Su acento alemán lo ayudaba, pues le daba aplomo y sonaba serio. En todo caso los primeros experimentos fueron un fracaso absoluto, y fue la Unión Soviética quien consiguió enviar al espacio al primer hombre e incluso a la primera mujer. No obstante, sus noches en vela le permitieron por fin conseguir discretos éxitos, aunque siempre por detrás de los comunistas.

Salman Rushdie se da un aire a Kubrick

Salman Rushdie se da un aire a Kubrick

Pero se acercaba el fin de la década y, tras el citado accidente, el presidente Nixon, elegido en 1968, perdió toda la fe en el proyecto. Abatido, sugirió a su gabinete filmar un alunizaje falso y hacerlo pasar por la hazaña que el país necesitaba. Se pensó en contratar a Stanley Kubrick, pero el famoso director manifestó su resquemor tras la negativa del gobierno de EEUU a brindar ayuda para su crítico film “teléfono rojo, volamos hacia Moscú” de 1964. A diferencia de las películas patrióticas, no tuvo apoyo para rodar el interior de aviones -hubo de inventarse el interior de un B52- o instalaciones militares. Las negociaciones fueron tensas y algunos testigos afirman que oyeron a Kubrick espetar al propio Nixon un sonoro “Ahora te jodes”. Lo que sí está confirmado es que maduró su idea de abandonar para siempre los EEUU y residir en el Reino Unido, donde confiaba encontrar una amable y apacible acogida para la película que ya tenía en mente: “la naranja mecánica”.

Hopper viendo al Ser Superior en la brasa de un cigarrillo cargado

Hopper viendo al Ser Superior en la brasa de un cigarrillo muy cargado

Finalmente el gobierno tuvo que recurrir a Dennis Hopper. Su creciente afición por todo tipo de drogas lo hacía propicio tanto para imaginar viajes a la Luna como para ser desacreditado si decidía hablar de más. Entusiasmado, Hopper comenzó a trabajar en el proyecto. Su desbordante creatividad tuvo que ser incluso limitada por el gabinete gubernamental, prescindiendo de escenas tales como la “exploración en motocicleta del satélite en plan informal”, idea que retomaría para Easy Rider, rodada también aquel histórico 1969.

Con el fin de dar más credibilidad al montaje, y proporcionar testigos del despegue, Neil ArmstrongBuzz Aldrin y Michael Collins fueron adiestrados para lanzarse al espacio en el Apolo XI, dar discretamente un par de órbitas a la Tierra y volver lo antes posible.

Van Hallen

Van Halen

Así, el 16 de Julio de 1969 partió el cohete. Para horror de Nixon y su gabinete, Armstrong se comunicó con la presidencia a través de un canal de radio secreto: “nos vamos a la Luna, contando con ustedes o sin ustedes”. Los astronautas estaban enfadados por el fraude y habían decidido hacerlo real. Nixon temió que aquello pudiera terminar nada menos que en una dimisión como presidente de los EEUU, cosa que ni se le pasaba por la cabeza. En un primer momento se trató de disuadir a los astronautas explicándoles, por ejemplo, que la radiación del cinturón de Van Allen les mataría al carecer de aislamiento contra las partículas cósmicas. Durante los casi cuatro días de vuelo emplearon técnicas avanzadas para desanimarles, tales como decirles por radio “os está matando la radiación”, “vuestras esposas se lo están pasando en grande” o incluso  “mirad que lejos estais, está muy negro y da regomello”.

El módulo Apolo diseñado bajo el efecto de drogas

El módulo Eagle diseñado bajo el efecto de drogas

Pero los tres hombres de acero llegaron hasta las inmediaciones de la Luna sin mayor contratiempo. En todo caso Nixon escribió un discurso para retransmitir por televisión cuando los astronautas se estrellaran, pues aquella nave no era más que una maqueta chapucera pensada para dar impresión de módulo lunar. Por ejemplo, el espesor de la cubierta que aislaba a los pasajeros del hostil exterior era de tan solo un centímetro y, guiado por las lisérgicas ideas de Hopper, en lugar de tener una forma esférica para soportar bien la presión, era una especie de insecto con patas largas forrado estrafalariamente de aluminio y oro.

Como los tres astronautas no se fiaban demasiado del aparato, decidieron dejar a Collins orbitando y descender solo Armstrong y Aldrin. Más tarde, la versión oficial justificaría aquello como una necesidad debida a tener un módulo orbital y otro lunar, sin tener en cuenta que las cosas orbitan solas sin nadie que las guíe.

Conforme afrontaron el descenso, el segundo problema es que el ordenador de abordo no era más que una maqueta con luces, muy al estilo de lo que imaginaban en los 60 respecto a la informática, pensado solo para tomar algunos planos de la película. El capitán decidió pasar a “modo manual”, si bien no había ningún otro modo. La leyenda contaría más tarde que el ordenador se había saturado y requirió el control de Armstrong.

Finalmente, pensado solo para hacer cuatro cosas alrededor de la Tierra, apenas tenía combustible, hasta el punto de que llegaron a aterrizar literalmente en el primer sitio que encontraron nada más llegar, cuando solo les quedaban 30 segundos de propulsión. Obviamente, más tarde se dijo que el intrépido astronauta había apurado al máximo para buscar el lugar idóneo de alunizaje.

Foto del primer humano descendiendo. Tomada por un marciano que andaba por allí, claro.

Foto del primer humano descendiendo. Tomada por un marciano que andaba por allí, claro.

La salida del módulo se produjo más de 6 horas despues del alunizaje. La explicación oficial es que necesitaban descansar, si bien es poco creíble que a nadie le de por ponerse a dormir justo cuando acabas de llegar a otro mundo y eres el primer humano allí, lo mínimo es salir a dar un garbeo. Los rumores más fiables apuntan a que Armstrong y Aldrin estuvieron peleandose para ser los primeros, llegando a pellizcarse, morderse y darse golpes bajos en el curso de la disputa. En todo caso el derrotado finalmente supo mantenerse a la altura de las circunstancias.

En Tierra, sin ninguna preparación para el imprevisto, solo pudieron contratar un enlace de TV barato con Australia y captar la onda proveniente de la Luna con una antena de cuernecillos que luego amplificaron. Como resultado, la retransmisión se vió en directo ante los atónitos espectadores con lo que los expertos llaman “una calidad de mierda”. Aun así, algunos breves paseos por la superficie del satélite maravillaron a media humanidad, y, tras un retorno sin demasiados contratiempos, fueron recibidos como héroes ante el mundo.

Tal vez fue un despropósito, una falta de disciplina, o una temeridad, pero lo importante hoy en día es que las palabras de Armstrong tras hollar la superficie quedaron grabadas ese día en la mente de toda la humanidad:  “what a wonderful world”.

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Artículo reseñado en el diario ABC, al cual agradezco su interés en este cuento: http://www.abc.es/tecnologia/redes/20130719/abci-falsa-historia-como-hombre-201307190910.html

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