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Napoleón Bonaparte

“Quien no conoce la historia, está condenado a repetirla”. No lo dijo un gran intelectual, lo dijo Napoleón Bonaparte. Un tipo que terminó el número 42 de 58 en su promoción, que recibió el apelativo de “miserable” por parte de Thomas Jefferson y que era un incauto total capaz de lanzarse contra el enemigo a pecho descubierto sin pensarselo. Pero un tipo también con mucha astucia y mucho ojo para engañar al enemigo. En definitiva, un hombre algo tosco pero campechano, y con muy mala uva cuando procedía. Como debe ser. De intelectuales vamos a hablar ahora.

Marx

Marx

El siglo XIX nos trajo el anarquismo y el comunismo. Fueron los filósofos hegelianos los que sentaron las bases de las propuestas anarquistas modernas. Max Nettlau compiló muchos textos de esa índole y creó a partir de ellos una base sólida para la difusión de ese ideario. Karl Marx desató la llama anticapitalista y sentó las bases del comunismo.

"La metamorfosis", obra de Kafka, que a veces la gente confunde con Nietzsche

“La metamorfosis”, obra de Kafka, que a veces la gente confunde con Nietzsche

El siglo XX añadió el fuego arrasador del fascismo y el nazismo, sustentado en el superhombre de Nietzsche, si bien algunos interpretan que Hitler no entendió del todo bien lo que el primero decía.  Como no podía ser menos, apoyaron su ultranacionalismo en el ideario de Roma y Grecia, tierra de filósofos, y como no, en Wagner, un personaje influído hasta la médula por Schopenhauer, otro filósofo.

El choque brutal de intelectos derivó en la horrorosa Segunda Guerra Mundial. Fue una guerra marcada por constantes avances científicos para crear armas cada vez más precisas y monstruosas. Como colofón de ella, Albert Einstein, Niels Bohr y otros aclamados premios Nobel dieron lugar a la aberración de la bomba atómica primero, y la bomba H después.

Hombre espiado en un ciberchat

Hombre espiado en un ciberchat

Y tras la guerra descarnada se pasó a la guerra del conocimiento: las mentes más brillantes crearon estrategias sofisticadas para el control de la información personal. El advenimiento de Internet ha venido acompañado de poderosas corporaciones que utilizan a ingenieros doctorados para escudriñar cada paso que un humano deja, modelando el perfil de cada persona: sus gustos, su lugar de residencia, sus amistades, los textos, vídeos y radios que consulta, y muchos más datos.

No dejemos de hablar de quién está detrás de las técnicas avanzadas de control del mercado y el consumo: Sigmund Freud y su hija Anna Freud, que modelaron la mercadotecnia con sus mentes privilegiadas.

¿Ciencia, filosofía, psicología? Está claro: el germen de la destrucción. Y es aquí donde enlazamos con la acertada política de nuestro gobierno.

Intelectual pinchándose marihuana, algo habitual

Intelectual pinchándose marihuana, algo habitual

Sus continuas y homéricas reformas han conseguido por fin dejar atrás a la filosofía, relegada a materia secundaria. Peligrosas asignaturas como el latín, que pueden despertar el interés por la lectura de los clásicos de la filosofia han sido también barridas.

La inversión cada vez menor en ciencia y tecnología nos aparta de los terribles peligros de las mentes díscolas que solo idean brujería y espanto.  Se está incluso promocionando la desaparición de los centros de investigación y tecnología y fomentando la emigración de esos perturbados que solo piensan en idear modos de destruir el mundo.

Despeinado y desafiante: el rostro de quien aterroriza con el átomo

Despeinado, fumando y desafiante: el rostro de quien aterroriza con el átomo

Nuestra tradición escolar permite, así mismo, que aquellos que resaltan terminen aburriendose y fracasando para converger en la media, como ha de ser.  La imaginación, madre de la perversión social, es castigada y la televisión pública destruye los brotes de pernicioso pensamiento divergente.

Como contrapunto, se refuerza cada vez más la enseñanza de nuestra querida religión católica, una fuente inagotable de buenos valores: resignación, silencio, sexualidad sana, matrimonio y tantos otros.

En definitiva, no podemos sino agradecer al gobierno que nos devuelva al siglo XVIII, anterior a las atrocidades científicas y filosóficas, un tiempo donde el Rey, la Iglesia y las fuerzas del órden público garantizaban la paz y la prosperidad.

Frente a los desviados y decadentes modelos de EEUU, Reino Unido, Francia, Alemania o Japón, estamos preservando un mundo de paz y buen hacer, donde nada novedoso e inoportuno pueda perturbar a la tradición y a la patria. De aquí a diez años en España no habrá una sombra de tecnología, producción o investigación.

El mundo entero nos lo agradecerá algún día.

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