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En 1805, Giovanni Aldini tomó el cuerpo de George Forster, un ajusticiado que había sido ahorcado. Tras varios experimentos con diferentes partes de su cuerpo, introdujo un cable en su ano y otro en su cuello. Los conectó a una pila galvánica. El cuerpo comenzó a retorcerse y sufrir espasmos. Este macabro experimento se hizo famoso y generó la impresión entre el público de la época de que la electricidad podría algún día resucitar a los muertos.

Se da la circunstancia de que Aldini era sobrino de Luigi Galvani, que por cierto falleció en 1798 en la indigencia. Galvani se obsesionó por encontrar la relación entre la electricidad y los seres vivos. Realizó múltiples experimentos con animales y personas muertas hasta llegar a ciertas conclusiones pioneras sobre el papel de la electricidad en el movimiento de los músculos y cómo las órdenes de los movimientos voluntarios procedían del cerebro.

Fuente: Wikipedia

Los experimentos de Aldini y Galvani impresionaron grandemente a Mary Shelley, la cual escribió “Frankenstein o el moderno Prometeo” basándose la interpretación popular de los mismos, que tenía más que ver con una imposible resurrección de la carne que con la actividad del sistema nervioso. El personaje, en el fondo basado en un convicto ajusticiado, no pudo ser otra cosa que un loco perturbado.

La próxima vez que te delectes con “el jovencito Frankenstein” no pienses solo en los milagros de la electricidad, que permitieron grabar esa película basada en la famosa novela, sino también en el asesino que mató a su mujer y descendiente, fue ajusticiado y recibió descargas postmortem en nombre de la ciencia.

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