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El Presidente, conocido entre sus amigos como Don Mariano, salió aquella tarde a cazar. Con un puro en su boca y la cartuchera bien provista de munición se escondió entre unos matojos.

Quiso la providencia que aquella tarde otoñal se formara una tormenta en pocos minutos. Un rayo cayó del cielo y golpeó con uno de sus ramales a Don Mariano. Fue trasladado por su cuerpo de seguridad al hospital donde milagrosamente recuperó la consciencia.

Sin embargo algo cambió en su mente. Decidió sanear la banca, encerrar a los corruptos, reforzar la libertad de expresión y garantizar la educación universal. Llamó rápidamente a sus consejeros y se encerraron allí mismo, en la habitación donde sanaba de sus heridas.

Poco más se sabe de esta historia, salvo que al día siguiente fue encontrado muerto. Un gotero donde al parecer se había situado por error una solución destinada al consumo oral fue considerada oficialmente causa más probable del paro cardiaco.

Las gentes comentaron durante meses la mala suerte de aquel hombre que sobrevivió a un rayo para ser víctima al día siguiente de un error médico. Incluso pasó a ser parte de la charla cotidiana la  expresión “tener más mala pata que Don Mariano”. Pero nadie investigó más ni nadie supo concretar cual fue el plan de Don Mariano. Sus ministros estaban demasiado tristes para hablar de ello.

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