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El término “Tercer Mundo” apareció en 1952 y se decía con orgullo, pues simplemente significaba que los países englobados en él no estaban alineados con EEUU o la URSS. Al poco tiempo sin embargo se asoció con la pobreza extrema y el caos político. Hasta surgieron palabras derivadas, tales como tercermundista, para designar estados de cosas lamentables. Es posible que “país emergente”, el término acuñado para sustituirlo parcialmente, siga el mismo camino.

La figura de “imputado” igualmente se creó para aclarar que si bien alguien podría estar implicado en un delito, la presunción de inocencia obligaba a que su honor siguiera intacto hasta demostrarse su participación en un juicio. Sin embargo ha acabado convertida en un sinónimo de político corrupto.

“El pueblo” era la referencia a los trabajadores honrados, pero ahora casi suena a “paleto”, y al igual que un “campesino” es ahora un “agricultor”, el “pueblo” es ahora un grupo de individuos “ciudadanos y ciudadanas”, que lleva camino a su vez de convertirse en sinónimo de “ilusos e ilusas”.

“Rescatar” era heróico hasta que empezó a sonar a pago de intereses y secuestro de soberanía nacional. “Político” significa etimológicamente “de los ciudadanos” o “del Estado” pero suena hoy en día a parásito y ladrón.

Los “bancos” nacieron de la banqueta que servía a modo de mostrador  y tranquilizaban e interesaban para hacer frente a un robo en el hogar en tiempos de ladrones impunes, pero ahora un banquero es quien te miente en el mostrador, te roba la casa, te cobra intereses, siempre sale impune y te obliga a dormir en un banco.

Me pregunto lo que les queda a “Español”, “Marca España” o “Europa” para convertirse en términos incorrectos en todo el mundo. ¿O ya ha ocurrido?

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