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Nota previa: hay tantas opiniones como personas. Comprende que no puedo llenar estos textos de matizaciones y disculpas para cada sensibilidad religiosa, espiritual o técnica. SI no estás de acuerdo, busca otros textos. Aquí hay lo que hay, y no lo voy a a adaptar para tus creencias o preferencias. De hecho no tengo interés alguno en mejorarte, enseñarte o cultivarte. Estoy seguro de que puedes hacerlo solo y según los preceptos de tu propia vida.

Aum

Caligrafía de Om.
Autor: Wilfredo R. Rodriguez H.
Licencia: Multi-license with GFDL and Creative Commons CC-BY-SA-2.5 and older versions (2.0 and 1.0)

Hace ya varias décadas que Occidente se llenó con una legión de gurús que prometían la enseñanza de la meditación oriental, entendida la palabra no como una concentración específica sobre una materia de estudio sino como un cultivo de la mente para alcanzar un conocimiento de la consciencia y el propio “yo” o “Ser” más interno, lo cual es una traducción de los términos bhavana o samadhi. Al no existir una palabra adecuada para traducirlos, se usó sin más la palabra “meditar”, probablemente de forma incorrecta, o añadiendo un nuevo significado, según se quiera mirar (polisemia).

Quien se interesa por estas técnicas puede tener distintas motivaciones. Algunos sufren una profunda crisis espiritual, bien por haber renunciado a su religión (cristianismo fundamentalmente en Occidente), bien por encontrarse en un periodo de su vida donde nada parece tener sentido, o bien por alcanzar una edad donde la muerte empieza a hacerse más patente por el deterioro físico. Otros se encuentran en situaciones desesperadas donde necesitan algún consuelo, o tal vez son tan ricos que no encuentran nada que hacer para llenar su necesidad de más. Finalmente los hay que pretenden encontrar, por motivos científicos o personales, formas de superarse o adquirir herramientas nuevas. En todo caso siempre hay una “búsqueda”, un camino por recorrer para trascender.

Desafortunadamente ello condujo a muchos “emprendedores” -en sentido irónico- a encontrar vías de negocio, adaptando la meditación a la cultura capitalista o comercial y desvirtuandola completamente. Una vez transformada en comercio, los hay que venden todo tipo de aberraciones: desde el uso de la meditación para convertirse en un superhombre o supermujer que es capaz de atraer con la mente la riqueza hasta reparaciones del ADN celular, pasando por sesiones de sonido binaural que mejoran de un día para otro tu inteligencia, capacidad de liderazgo, adicción a las drogas, curación de enfermedades graves y un sin fin de actividades propias de curanderos y chamanes.

La realidad es que la meditación es algo que se ha de realizar sin ningún objetivo en concreto y sin camino alguno que recorrer. Es más, ni siquiera es estrictamente una trascendencia personal ni un camino a la felicidad absoluta. Parece ser, según algunos estudios, que en efecto, y a la larga, existen algunos beneficios: encontrarse más centrado, reducción del estrés, mejorar algunos parámetros físicos como la presión arterial alta, dormir mejor y mejorar el ánimo en general, entre otros. Pero son efectos colaterales. Un ejemplo similar es la música, se escucha simplemente porque es una actividad placentera para quien es aficionado a ello. Nadie escucha música para buscar algo. Simplemente se oye y se disfruta. Y en efecto al final puede relajar, mejorar la capacidad de estudio en algunas personas, producir descargas emocionales de tensión, consolar en la soledad o aislar en la muchedumbre, etc. Pero no es su objetivo. El único objetivo es delectarse, si es que te gusta.

Métodos para metidar los hay a miles, y no todos ellos provienen de Oriente, pues no es cierto que este tipo de prácticas nunca hayan sido realizadas en Occidente. Es más, hay incluso personas que lo hacen sin tener el más mínimo conocimiento de que estan meditando, es por el contrario algo espontáneo que aprendieron en algún momento determinado de sus vidas y que repiten por placer o por necesidad.

Desde el punto de vista de quien quiere completar su espiritualidad, la meditación permite obtener conclusiones muy interesantes, pero realmente el llamado “nirvana” no es una explosión mágica y orgásmica de fuegos artificiales, sino entender, mediante una experiencia directa e intensa, cómo funciona la mente propia. Desgraciadamente aquí también hay una confusión tradicional entre estados meditativos y el efecto de drogas que se popularizaron en Occidente a partir de los 60, tales como la LSD, la DMT o distintos hongos alucinógenos, unido a las leyendas cristianas de encuentros con Dios, santos, vírgenes o ángeles del cristianismo, así como las leyendas traídas de oriente desde las religiones hinduístas hasta las religiones basadas en el mensaje original de Buda, que por cierto no parecía estar interesado en la religión, pero terminó derivando en un conjunto de budismos que en muchos casos importaron elementos mágicos de tradiciones antiguas, creando sus propios seres del más allá, que no pueden llamarse propiamente dioses puesto que el budismo es una religión fundamentalmente atea.

Quien se siente horrorizado por que su mentalidad científica y atea entra en conflicto con ideaciones divinas, ha de saber también que la meditación en sí es un proceso neutro, no relacionado directamente con la religión. Es cierto que en el cristianismo hay quien reza rosarios compulsivamente para alcanzar precisamente ese estado, o que los musulmanes recitan el Corán sin cesar hasta entrar en el mismo estado de consciencia, pero sus conclusiones finales sobre la experiencia vivida diferirán de quien lo hace desde un punto de vista ateo o agnóstico. Es más, ni siquiera quien no crea en nada se verá arrastrado hacia una secta ni caerá en la locura.

Existen miles de métodos para meditar y todos ellos son igualmente ineficaces y lentos. Quien realmente desee explorar la meditación, ha de ser constante y aguardar meses o años para alcanzar resultados o encontrarse cómodo en estas prácticas. Quien pretenda obtener algunos de los beneficios colaterales, tendrá que esperar en la cola su turno durante mucho tiempo de práctica constante. Siempre hay excepciones, hay personas a las que les resulta extremadamente sencillo, pero no es la norma. Y no hay métodos mágicos ni atajos. Lo más habitual es que los primeros intentos sean frustrantes e incluso causen rechazo. Salvo que se persevere por un verdadero interés o placer propio, se abandonará cualquier práctica relacionada.

Llegados a este punto, ¿qué se alcanza?. Bien, en primer lugar un conocimiento acerca de las verdaderas limitaciones de aquello que consideramos como nuestro “yo” consciente, nuestra “voluntad”. Hay ejercicios sencillos para observarlo:

1) Proponte estar cinco minutos seguidos con la mente completamente en blanco, sin pensar nada. Puedes usar un despertador para cronometrarlo. Intenta situarte en las mejores condiciones posibles para ti, por ejemplo tumbado, a oscuras, sin ruido exterior o una música relajante, sin ninguna molestia o prisa por realizar otra actividad. Cada vez que aparezca un solo pensamiento, reinicia el contador. Descubrirás que no hay modo humano, los pensamientos automáticos surgirán, cualquier conversación interna sobre algo. Incluso cuando te parezca que no hablas contigo mismo, aparecerán imágenes, y las imágenes también son pensamientos producto de tu mente, recuerdalo. Y cuando suprimas las imágenes te darás cuenta de ti mismo, que estás sin oir ni ver pensamientos, lo cual también es un pensamiento, un esquema mental en el tienes una sensación de ser “tú”, lo cual también es un pensamiento originado por tu mente, no lo olvides. Repitelo cuantas veces quieras, nunca lo conseguirás.

2) Intenta ser menos ambicioso: concentrate en la respiración. Eso ya es un pensamiento pero al menos es solo uno. Márcate media hora de pensamiento solo en la inspiración y espiración. No trates de controlar de ninguna forma cómo respiras, simplemente sé consciente de ello. De nuevo caerás en pensamientos de cualquier índole, imágenes o reflexiones acerca de tu propio estado. Todo ello lleva a reiniciar el reloj. Y jamás lo conseguirás.

En cualquiera de los dos ejercicios, si te parece por un momento que has triunfado, sé sincero contigo mismo y date cuenta de que algo has pensado. Pueden ser charlas internas, imágenes, ser consciente de ti mismo centrado en ti, picores que deseas aliviar aunque no lo expreses internamente con palabras, aburrimiento y deseos de terminar, placer momentaneo en el que deseas permanecer, incomodidad de la que deseas salir, etc. Recuerda que se está pidiendo que no pienses nada, absolutamente nada, ni en tu propia existencia. Cualquier referencia a ti mismo es un pensamiento y no vale. E incluso si estos dos ejercicios te parecen simples y por tanto banales por tu deseo de hacer algún sacrificio que te pruebe a ti mismo y mejore tu capacidad de anularte, puede que te plantees hacer yoga en posiciones extremas, métodos de faquires o sufrimiento mientras te haces un tatuaje, pero mi consejo es que lo evites, perderás el tiempo a los efectos de detener el pensamiento completamente y posiblemente te arrepientas de alguna lesión física en el futuro, si es que no pierdes además dinero en clases caras. No estamos hablando de yoga para relajarte, el propósito que pedimos es que detengas el pensamiento.

Esos dos ejercicios no son meditación, sino las dos primeras trampas que un maestro de meditación te impondría para que elimines ideas erróneas sobre lo que es la meditación y tus propias limitaciones como controlador de tu mente, seas quien seas “tú” y “tu mente”.

Seguiremos con más reflexiones y ejercicios en la segunda parte de estos textos sobre meditación, pero no dejes de hacerlo: si no te convences por experiencia propia no sirve para nada, leerlo o escucharlo de terceros es inútil. Has de ser consciente de ello. Practica estas trampas hasta que te convenzas y descartes esa vía. Relájate y plantealo como un juego.

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