Etiquetas

, , , , , , , ,

Verán ustedes, al principio había “la Nada”, que no tenía ni espacio ni tiempo ni materia ni energía ni, sobre todo, entretenimiento. Y dado ese penoso estado de cosas, o de no cosas, la Nada se aburría y simplemente imaginó, porque nada había para impedirselo.
 
Y lo que imaginó fueron seres con mente, porque era entretenido saber de sus vidas y sus vicisitudes, sus amores y sus odios, sus labores y sus desencuentros. Y como todo buen culebrón, hizo que fuera muy largo, para lo cual inventó el tiempo.
 
Tras una Nada previa tan sosa, inventó lo sólido que se podía comer, lo líquido que se podía beber y lo gaseoso que se podía disfrutar por el olfato. Para poder tener aquello unido, inventó la gravedad, y para dar emoción y aventura, creó el extraño mundo de lo eléctrico y lo magnético.
 
Y poco más, salvo piedras, viento y olas que eran más atrezzo que otra cosa.
 
Luego observó que dotar de inteligencia aquellos seres tenía un efecto secundario, y es que pensaban en su entorno. Al principio lo solucionó enviando un mensaje tenebroso: “aquel que use la sabiduría en demasía, acabará mal”. Y funcionó por un tiempo, aunque fuera un cuento chino, pero la tendencia de estos seres para interpretarlo todo de mil maneras tergiversó el mensaje y acabó convertido en una leyenda más relacionada con el sexo y una manzana que con su propósito original. Es el relativismo, que no ha de confundirse con la Relatividad.
 
Y he aquí que el hombre, asustado del sexo, optó por buscar consuelo en interesarse por lo más pequeño: mirar una manzana. ¿De qué estaba hecha la manzana? ¿Cuales eran sus componentes? ¿Podría una pera transformarse en manzana reineta? Y eso fue un problema para la Nada, porque de donde no hay no se puede sacar, así que se inventó los átomos para dar satisfacción a sus seres y apaciguarlos.
 
Pero los seres indagaron en el átomo, y siendo la Nada simplemente Nada y no materia, hubo de ceder de nuevo para inventar que el átomo estaba básicamente vacío, y diseñó un núcleo minúsculo y electrones dando vueltas.
 
mas los científicos, muy molestos, pensaron en la inestabilidad de ese modelo, y la Nada tuvo que pergreñar saltos de energía mínimos. Y con el acoso cada vez más poderoso de los bombardeos de partículas, no le quedó otra que inventarse una estructura para los protones y neutrones, amén de otras partículas fundamentales que había ido creando para adaptarse y seguir dando coherencia a su modelo conforme los científicos lo forzaban más y más.
 
Al final la Nada se enfadó tanto que decidió dejar el juego, y así se inventó la fuerza fuerte que era todo menos normal: aumentaba con la distancia, como una banda elástica que ofrece más resistencia conforme se estira. Y así dijo solemnemente: “ahora os fastidiais, que no vais a poder nunca separar los quarks para seguir mirando lo que hay dentro”.
 
Y para que no siguieran mirando en lo más pequeño encontrando estructura vacía tras estructura vacía, decidió que lo muy pequeño no sería una partícula ni una onda, y que solo con mirar una piececita de esas, se alteraría su forma de actuar. Y se puso contento y dijo: “Ahora lo que hay es incertidumbre inherente, y si me mirais, me difracto, y si no, me concreto, resolved eso, listos”. Y la gente lo aceptó, porque las fórmulas eran coherentes, al menos por el momento.
 
Pero las personas aburridas no siempre miraban a lo pequeño, sino también a lo grande. Y la manzana le cayó en la cabeza a uno que resolvió lo del sistema solar. La Nada tuvo que quitar entonces la esfera de puntitos blancos y poner estrellas muy lejos para desanimar a los científicos.
 
Aún así, los científicos hicieron instrumentos para mirar más lejos, así que la Nada hubo de inventar otras galaxias. Para desanimarlos aún más, puso un límite a la velocidad máxima de cualquier objeto, entre ellos los que los humanos pudieran idear para ir a otros sitios.
 
Pero los humanos se pusieron a medir la luz conforme la Nada estaba con las galaxias a medio poner, llevándolas a su ubicación definitiva, y vieron entonces que su luz se enrojecía, que es como cuando una moto viene y se aleja, así que la Nada tuvo que inventarse la expansión del Universo.
 
No obstante, vieron los científicos que aquel montaje era una chapuza, pues no cuadraba con la fuerza de la gravedad ni los límites de velocidad. Entonces la Nada se enfadó de nuevo y dijo: “pues situaré materia oscura que ni podreis ver ni detectar, y por el otro lado haré que el espacio se expanda de por sí, lo cual se puede hacer a la velocidad que me plazca, porque el espacio ni es materia ni energía y no está sujeto a esas leyes que habeis inventado”.

Sin embargo eso permitió a los científicos cuadrar las fórmulas y deducir modelos, ante lo cual la Nada ya se puso de los nervios y dijo: “Pues hay ahora más Universo más allá de donde llega la luz a su velocidad fija. Así pues jamás podréis medir el tamaño total ni explorar el resto porque va más rápido que vosotros. Es más, puede haber más universos en el futuro, en el pasado y en otras dimensiones. Universos por todos lados, infinitos universos, narices.”. Y la gente lo aceptó, porque las fórmulas eran coherentes, al menos por el momento.
 
Pero tarde o temprano alguien pondrá una pega a lo pequeño o a lo grande, o querrá juntar lo pequeño y lo grande, con lo cual la Nada tendrá que seguir buscando una forma de ocultar su falta de esencia última.
 
La Nada solo quería ser un espectador, pero acabó siendo el actor principal de la trama, y siempre nos quedará el entretenimiento de conocer su próxima triquiñuela, muy a su pesar.

Anuncios