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– Dios no está a estas horas para ayudarnos, deja las plegarias y corre.

– No veo nada.

– Enseguida estaremos en la cima, no te hará falta mirar. Ya estamos, toma aire.

Caer al vacío no es volar. Un impacto en las piernas que sube hasta la nuca. Mantener la sangre fría cuando no se puede respirar, esperar, un poco más. Ya está, hay aire al final del mar.

– Vamos, nada hasta la orilla.

– Me duelen mucho las piernas, no puedo.

– Si no te mueves  te vas a congelar. Ya te estás helando. ¡Nada!

Un pedregal y una roca para protegerse son acogedores cuando los ladridos suenan muchos metros por encima.

– Echate donde puedas, estarán aquí en par de horas. Y no te duermas.

– ¿Dormir con este frío y este dolor?

– Toma la petaca. Me debes un trago, no te acostumbres.

– Sí, supongo que me anestesiará rápido. Y mañana, ¿qué?

– Estar callado, comer mejor y beber mejor. Y trabajar para el bando menos malo.

– Pensaba que erais los buenos.

– Cuéntamelo cuando acabemos con ellos.

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