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Hoy en día millones de personas celebran cada año la toma del hongo del centeno como una tradición, probablemente idealizada en unos tiempos donde la bonanza y la paz nos hace ver a nuestra época como un periodo de calma que perdurará para siempre. Sin embargo, no podemos olvidar que acciones singulares de personajes tan dispares como Hitler, Gandhi o el propio Fancia han cambiado radicalmente el curso de la historia. Y este texto que por fin podemos ofrecer amparados en la legalidad es un documento de incalculable valor para la reflexión.

Felipe Martínez Fancia se crió en un ambiente intelectual, en el seno de una familia pequeña y entusiasta de la razón, la ciencia y la tecnología. Brillante en los estudios, siempre creyó en la recompensa de la honradez y el trabajo bien hecho. Pronto obtuvo dos licenciaturas. Su aprendizaje del Inglés y el Alemán mejoraron sus capacidades para investigar y aprender gracias a la incipiente Internet de la época, lo cual hizo de él una persona especialmente versada en diversos aspectos de la filosofía, la sociología, la historia y la física, asuntos éstos que lo apasionaban.

 En lo laboral, las cosas se empezaron a torcer cuando su profesión fue degradándose en su país: prisas, estrés, jornadas interminables, salarios menguantes y superiores incompetentes elegidos a dedo. No obstante, lo peor llegó cuando no pudo siquiera ejercer su profesión pues todo el mercado laboral relacionado con sus tareas desapareció para trasladarse a otros países.

 Su familia no pudo ayudarlo: su padre falleció repentinamente de un infarto, y su madre, en un caso más sangrante, no recibió ayuda a tiempo del degradado sistema sanitario. Lo que parecía un sólido bastión para su vida se deshizo en dos años, dejándolo en la soledad más absoluta. Parado y deprimido, fue abandonado por los que creía sus amigos y no tuvo suerte en la búsqueda de una relación estable cuando se hizo más y más evidente que el amor se había transformado en un mercado donde “la productividad y la renta eran la base de la atracción y el negocio del divorcio”, según su relato.

Fue difícil para él encontrar consuelo espiritual, pues las religiones más conocidas no eran a su entender otra cosa que un compendio de creencias mágicas e infundadas, proclives al extremismo y al fanatismo, y en general, imposibles de sostener en un discurso razonado. Hoy en día casi parece un guiño de Fancia el hacer referencia a la radicalidad como algo negativo, pero en su día fue un gran defensor de la moderación y el diálogo como únicas vías razonables.

Se sumergió en el estudio de la cosmología y la física cuántica como única forma posible para abstraerse de una realidad cada vez más hostil y acuciante: fin del subsidio, créditos a medio pagar, subidas de impuestos arbitrarias, inflación y problemas incluso para vestir y comer. Se reconoció así mismo como ingenuo, pues pensó un día que en la sociedad se necesitaba de todo tipo de profesionales en las artes más diversas, y por ello no fue cauto ni precavido en el estudio de la economía y las artes de manipulación de la información en los medios, una de las pocas cosas que jamás habían sido de su interés. Demasiado creyente, no de la religión, pero sí de su sistema social y político, formó parte de la misma rueda que lo condujo a la miseria.

Un día en el cual tomó pan de centeno con algunos hongos que inadvertidamente habían ganado terreno en su despensa, su mente se hizo “preclara por un momento”, según afirmó. Entendió perfectamente que las palabras solo eran instrumentos de la mente humana, y que en la Realidad solo existía un todo indivisible e interdependiente. La ley filosófica oriental del Karma era en verdad la expresión de un Todo vibrando y fluyendo al unísono, y nada había de almas ni otros mundos espirituales ajenos al nuestro, pues todo, la materia, la energía y la consciencia eran una expresión del mismo gran Ser. Si la ciencia había estudiado solo a las dos primeras, era por los prejuicios de la sociedad tradicional, y solo era cuestión de tiempo el encontrar las ecuaciones que un día explicarían la consciencia como fenómeno natural. No había pues objetivo, ni meta, ni misión. Todo era un gran suceder, un juego, una danza. Y era absurdo pensar que el Big Bang había sucedido una sola vez: “si ocurrió fue porque no había nada, y por tanto nada podía impedir que sucediera”. Así, tras la muerte del Universo actual, volvería a suceder, e incluso en paralelo podría estar sucediendo en otros “lugares” donde no había nada. La realidad no era en su visión el Universo, sino un Multiverso eterno, vibrante, en el que los universos aparecían y desaparecían como burbujas en un caldo eterno por el simple hecho de ser, sin más motivación ni objetivo.

Es más, eso garantizaba, por pura estadística, que él mismo, su ser, se repetiría en el futuro o en el presente dado un plazo de tiempo suficiente. El tiempo era infinito en la suma de universos paralelos y futuros, y por tanto acabaría sucediendo de nuevo. Tal vez su reencarnación tuviera lugar en la misma Tierra pasados unos milenios, unos cientos o unas decenas de años, si es que la formación de la misma configuración de consciencia no era tan rara como podría pensar el sentido común, casi siempre errado. Nada se conservaría de su memoria, pues no era más que un compendio de datos almacenados en un cerebro perecedero, pero viviría con las consecuencias de los actos de toda la humanidad que lo llevarían a vivir como nuevo ser en una nueva sociedad producto de las convulsiones del pasado. Así pues, la ausencia total de su memoria personal entre periodos de vida no era obstáculo para sufrir las consecuencias de sus actos en una memoria colectiva social, económica y política.

Todas esas cosas a veces las había pensado teóricamente, pero esta vez las había experimentado en sí mismo gracias a esta iluminación o alucinación que lo tuvo dos días postrado en su vivienda. Eso lo cambiaba todo. Dejó de sentir el miedo a la muerte, pues no era más que una transición hacia otra vida, y dejó de tener miedo a hacer realidad su visión de la sociedad, ya que con independencia de recibir los frutos de los cambios en una vida futura, o simplemente dejar un legado en su camino a un Universo diferente, merecía la pena formar parte activa de algo que ahora era un juego con mucha menos presión, con el tiempo infinito por delante y en paralelo. Era demasiado estúpido dejarse aplastar por otros, con la pasividad del que piensa “que me quede como estoy” cuando no había nada que perder. La venganza y el cambio totales se encontraba a su alcance sin un coste real.

El resto lo conocen ustedes, escribió este libro que ha estado prohibido -aunque disponible en muchos círculos- en este país durante tantos años y que ahora por primera vez podemos ofrecer en su tienda digital junto con un detallado análisis de diversos expertos. En él escribió toda su filosofía y razonamientos para emprender lo que mucho más tarde, y tras la extensión de sus ideas en distintos grupos sería conocido como la Revolución de la Democracia Pura.

Poco después de asegurar su difusión en algunas redes, llevó a cabo su plan. No lo detallaremos aquí con profundidad. Otros textos históricos y bien conocidos describen con extensión como entró en la clandestinidad y consiguió los medios requeridos para su tarea. La mañana del 23 de Mayo atacó los servidores de algunos medios relevantes y publicó una nota junto con enlaces a su texto. En menos un cuarto de hora llegó a las inmediaciones del Congreso. El Pleno se reunía en el exterior para la “foto de familia”, como solía llamarse a tal acto en la constitución de un nuevo hemiciclo. Con su furgoneta arroyó las barreras de seguridad y llegó al frente del grupo. Detonó las dos toneladas de explosivos que acarreaba y dejó un cráter de diez metros de diámetro donde un día estuvieron las escalinatas del Congreso. Apenas doce diputados sobrevivieron, de los cuales siete fallecieron tiempo después a causa de las heridas.

El periodo de alta inestabilidad posterior derivó en la formación de grupos terroristas que acabaron con múltiples figuras de la banca, la empresa y la política nacional. La perplejidad inicial de la clase política europea evitó una reacción rotunda desde el poder, lo cual facilitó la extensión como la pólvora de las revueltas y conflictos por todo el continente. EEUU estuvo a punto de actuar con la declaración de la “Democracy’s Armor Act” en Noviembre de aquel mismo año, pero las presiones de Rusia y China, ansiosas de perder un oponente internacional, frenaron el ataque, hasta que la misma población de EEUU se sumió en una compleja guerra civil con más de seis bandos enfrentados. A pesar de las acciones de sus gobiernos, Rusia y China entraron igualmente en un periodo convulso de rebelión y represión hasta que sus gobiernos cayeron en un periodo escalonado de aparentes reformas tendentes a aplacar a una situación que ya no tenía vuelta atrás. El resto del mundo, salvo algunas zonas de África y Asia, siguió de un modo u otro el mismo proceso.

Probablemente en nuestro tiempo queda poco de las propuestas sociales y políticas del fancianismo original descrito por el propio Fancia. Se convirtió en un héroe para muchos y un loco que sin embargo fue capaz de cambiar la historia para otros muchos. Su figura hoy en día no es más que anecdótica y se lo considera apenas el producto de las acciones infames de la política y el mercado de aquella época, un peón sustituíble que de un modo u otro terminaría surgiendo.

Pero lo cierto es que a pesar de la censura sobre su libro hasta tiempos recientes -una gran paradoja de esta sociedad- muchas de sus ideas animaron a un porcentaje de la población -en esencia individualista- para tomar una posición radical que en muchos casos terminó con sus propias vidas en pos de un bien común. La realidad revolucionaria derivada sirvió también para equilibrar algunas actitudes de aquellos más dispuestos a arrollar a sus semejantes en pos de la riqueza, siendo así un también un fenómeno moderador en cierto sentido.

En este libro se puede obtener un relato revelador de cómo la propia individualidad y la búsqueda del propio bienestar pueden llevar paradójicamente a la inmolación en favor de un sueño personal más ambicioso. Cómo una experiencia psicológica trascendental puede romper totalmente el equilibrio de miedo y el instinto de conservación cuando los argumentos son convincentes incluso para el que se considera así mismo escéptico. En definitiva, un retrato de cómo el ser humano puede variar su camino del modo más imprevisible y con ello cambiar la historia dentro de un contexto social en el que nada parecía indicar que una actitud individual excéntrica llegara a arraigar en absoluto. Y un recordatorio de que la paz y la calma no han sido las constantes de nuestra historia, pues la bonanza actual se encuentra asentada en un periodo revolucionario que sesgó la vida de quinientos millones de personas en todo el mundo, desde rebeldes desesperados hasta magnates opulentos cuya riqueza y poder acumulados hoy nos costaría imaginar.

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